Michael Collins, director de la Oficina de Políticas de Drogas en Washington, asegura que el debate no es si habrá legalización sino cuándo y cómo




Michael Collins, jefe de Política de Drogas de Estados Unidos.
FOTO LUIS SEVILLANO


Ana Marcos – El Pais
Madrid 18 OCT 2018 – 16:30 CEST

Podemos no se rinde y vuelve a traer al Congreso de los Diputados el debate sobre la legalización de la marihuana para uso medicinal y recreativo, como ya han hecho Uruguay, nueve Estados de Estados Unidos y Canadá a partir de este jueves. “La discusión ya no es si se va a legalizar, sino cuándo y cómo. España puede ser líder en Europa si lo hace”, asegura Michael Collins, director de la Oficina de Asuntos Nacionales de la Alianza para las Políticas de Drogas en Washington.

El experto (Glasgow, 1983) es uno de los invitados al foro que organiza este jueves la formación de Pablo Iglesias en el Congreso con el título Hacia la regulación integral del cannabis en España. El líder de Podemos asegura que “una industria estatal de producción generaría ingentes ingresos al Estado, lo que redundaría en la mejor sanidad pública del mundo”. El objetivo es modificar la ley actual sobre estupefacientes que tipifica como ilegal la venta y el cultivo de esta sustancia y restringe el consumo y posesión a espacios privados. “Es absurdo que se pueda comprar tequila o ginebra en un supermercado y que la marihuana sea ilegal”, considera el dirigente político.

“Hace un siglo que se aplica la prohibición y ya sabemos que ha sido un fracaso”, sentencia Collins, que trabajó con el anterior presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en políticas de drogas. Collins plantea, usando el ejemplo estadounidense, qué puede hacer un gobierno con todas esas personas que consumen drogas. “¿Los metemos en la cárcel o acabamos con este modelo?”, se pregunta.

Su apuesta es legalizar la marihuana sin transitar antes por su uso medicinal

Su apuesta, la que ha ayudado a gestionar en Estados como Colorado, Washington o California, es legalizar la marihuana sin transitar primero por el uso medicinal. “En España ya tenéis una infraestructura con los clubes de fumadores”, considera en referencia a estos espacios alegales en los que cualquier persona, tras hacerse socio, puede comprar y consumir marihuana. “Si se empieza por el mercado terapéutico para después legalizar el uso recreativo, el mercado negro sigue creciendo. Además, este sistema no elimina la persecución policial por la calle del que consume aunque sea por prescripción”.

La ley española permite el consumo medicinal de marihuana, pero eso no significa que se pueda fumar porros con fines terapéuticos. La planta de la marihuana, como tal, no está considerada un medicamento y no puede recetarse, pero sí productos derivados del cannabis. Quienes cultivan esta planta con autorización de la Agencia Española del Medicamento tienen a sus clientes en países como Canadá, donde se receta el medicamento.

En cuanto a la dosis, Collins apuesta porque el Gobierno, al contrario de lo que sucede en Estados Unidos, ejerza un mayor control sobre la legalización, no solo con campañas publicitarias de concienciación, sino con investigaciones previas que determinen la dosis necesaria para determinadas patologías que se pueden tratar con cannabis. “Pero no debe ser un obstáculo a la legalización. La gente que padece enfermedades no puede seguir esperando”.

Un modelo para Estados Unidos

Las salas de consumo, el uso de la metadona o el intercambio de jeringuillas son algunos de los ejemplos que Collins quiere aplicar en Estados Unidos. “Esta política de drogas que aplicó España en los ochenta y los noventa enfatizó el enfoque de salud pública con los drogodependientes”, ejemplifica. “El resultado es que desde entonces se ha reducido la tasa de sobredosis y el uso de heroína en general. Es lo que tenemos que hacer nosotros con un problema que causa más muertes que los accidentes de coches. Mueren unas 70.000 personas por esta causa al año”.

Este especialista reconoce que España no ha resuelto el problema con las drogas después de aplicar medidas sanitarias de este tipo. “Tampoco puedo decir que si se legaliza el cannabis se resolverán todos los problemas fiscales o el narcotráfico”, dice respecto a los posibles beneficios que el Estado podría obtener a través de los impuestos de la venta de este producto o la generación de empleo. Dos circunstancias que ni Collins ni Podemos han cuantificado por el momento para respaldar su propuesta.

“No quiero vender nuestro éxito en más de lo que vale. Si legalizamos el cannabis no se va a jubilar el Chapo Guzmán”, dice. Aunque no tiene estadísticas concretas, asegura que esta medida puede llegar a reducir en un 25% el dinero que los carteles obtienen de la venta en Estados Unidos. “El precio no es tan alto, la gente elige comprar en el mercado legal”, asegura, “no ha aumentado el número de consumidores. No hay zombis fumados por la calle”.


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